Salida 82:: 14/10/2011
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recorridos 1089
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De frente, con respeto, arriba se ve la Loma Miranda. Corona mi vista, solo superada en primera instancia por el cielo azul y el sol impenetrable que le dan belleza a la cima. La de Ceres, permanece en la retaguardia por si algún osado intenta coronar Miranda: Ceres espera para ahuyentar a los "intrusos".
El comienzo del Monte de los Almendros suele ser duro. La primera cuesta te desfonda un poco porque son unos cuatrocientos metros de rampa que, después de la subida de La Caleta, hace que el cuerpo, poco a poco se acostumbre a la subida, pero se hace difícil.
Cuando hemos reseteado nuestras piernas y después de un leve descansillo (donde he visto salir agua a borbotones de un chalé) viene la doble chicán (como le apodó Rafa). Es una cuesta dura, muy dura. La reducción de marcha en los vehículos es un indicativo sin paliativos. La ventaja es que ya la conozco, sé donde termina y amoldas el ritmo a su distancia. Termina, coges aire. Avanzas con suavidad con la cuesta de la piscina en la mente. Giro a la izquierda y vamos dejando la piscina en mi flanco izquierdo. Describo un semicírculo, mejor dicho una semi hélice para ver debajo de mí la piscina.
Terminada la primera subida fuerte, se puede acompasar el ritmo, mantener una subida suave, buscando ese desvío a mano derecha donde cambiaremos el asfalto por la tierra de la subida de "La Maturana". Desgasta el trozo final del Monte de los Almendros, pero por fin se ve a lo lejos ese desvío. El camino de tierra se empinará hasta la saciedad para conducirme a Miranda.
En todo esto, el Sol juega conmigo. Sale, se esconde, me deja intuir sus rayos escondidos en la montaña. Cuando se esconde se percibe ese aire de altura y otoñal: empieza a "picar". Intento hacer toda la subida buscando esos rayos que me caliente, que no me dejen. Parece el juego del "gato y el ratón". Parece que se va escondiendo aposta después de unos cuantos pasos míos.
Paro en el cortijo del aire. Gracias al hijodelmoreno tengo avituallamiento de agua. Me encuentro con dos botellas, una recién empezada y otra que ha sufrido varios de "mis ataques" en las subidas. Ya no hace tanto calor, pero el agua sirve para aliviar un poco la boca y los labios. Continúo la subida para corona la Loma Miranda. Dirección al Oeste me espera, ya desde otra perspectiva, la Loma de Ceres. El Sol sigue jugando y, en la primera cuesta, se vuelve a esconder; cien metros adelante, vuelve a aparecer. Se complica el final: dos cuestas tremendas, para sufrir, para que se note mi esfuerzo, para amar el atletismo y, finalmente, cuando corono el Sol me regala la imagen que me tenía escondida y que tanto me costó encontrar: el reflejo del Sol en el mar, los tonos rojizos, de la puesta de sol, el brillo del mar, el atardecer de otoño. Acabo de comprender la razón de que se escondiese continuamente: había que ganarse esta puesta de sol. He ganado, he ganado respirar este aire inconfundible, he ganado esta puesta de sol de otoño, ¡he ganado!
Bajo lleno de ilusión, de ganas de respirar, … de comprender a Serrat cuando dice: "Hoy puede ser un gran día".
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SAlu2 :: PacoNavas






