Salida 53:: 25/08/2011
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| Tranquilidad en Lobres |
Tras el rodaje de ayer y el descanso de anteayer, es un buen día para hacer una tirada a ritmo. Hoy me he propuesto "medir" mis piernas y esforzarme intentando ir rápido. Escojo el recorrido Lobres_Largo porque es muy exigente y su distancia es amplia, casi simulando una media maratón. Decido hacerlo en sentido inverso, este sentido es más favorable para intentar hacer un buen tiempo.
Comienzo con una la subida suave de dos kilómetros de la carretera que va asfaltada a Lobres, hasta tomar el último kilómetro con una subida (dura para hacerla a ritmo) que me llevará al merendero de la Tahiba. En esta subida me llevo una sorpresa, de pronto a la altura del corral de cabras, me encuentro con el mastín que en otra ocasión me llevó a deshacer el camino. El perro está sentado a la sombra y, en esta ocasión, no se levanta, simplemente ladra, con un ladrido ronco a mi paso. Echo "pie a tierra" y valoro la situación. Paso andando y veo que el perro ni se inmuta. Está claro, ese ladrido parte de la nobleza de un perro que debe cuidar su espacio y, simplemente, me advierte de que está allí. Me doy cuenta de que realmente me está saludando. Retomo mi carrera y corono en la Tahiba.
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| Cota 100, Lobres |
Camiones trabajando en la autovía, cementerio de Lobres, invernaderos, ladera desmontada, dos super-cortijos de piedra insertados en el medio y el kilómetro seis. Miro el reloj y no estoy contento, decido bajar el ritmo (no he hecho bien las cuentas y si hubiese continuado habría hecho buen tiempo). Ruedo despacio y percibo una tranquilidad inmensa. Estoy en el último tramo de la cota, dentro de poco tendré la opción de irme por el túnel hecho a mano o bajar. La sensación es impresionante, hay una leve brisa que se escucha perfecmente. Los pinos mecen sus ramas suavemente. Hay una calma fuera de lo normal acompañada por unas vistas únicas. Son las once de la mañana; se escucha la campana de la iglesia de Lobres. Cambio de orientación y me encuentro con la autovía al fondo. Se termina esa tranquilidad. La bajada es amenizada por las chicharras que entonan su melodía en el barranco.
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| Salobreña, realmente única |
Me dedico a rodar muy suave hasta llegar al pozo de Ítrabo. Parada obligada. Me refresco y tomo la ruta alternativa del polideportivo, ya andando. He quitado un kilómetro. Al final se hizo largo el Lobres de hoy, pero recuperé esa sensación de tranquilidad absoluta que únicamente se percibe alguna vez que otra en el campo.
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SAlu2 :: PacoNavas
Yo creo que el mastín ya te conoce, y también lee tu blog!!!!!! Ese ya no se levanta más!!
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