sábado, 27 de agosto de 2011

Y pienso, ¿de qué escribo hoy?

Salida 54:: 26/08/2011
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Salobreña entre zapatillas
Tirada corta y relajada buscando el descanso que llegará el domingo. Al cuerpo le cuesta ahora mucho asimilar los kilómetros. No voy tan fresco como antes. El descanso se echa en falta y la gran cantidad de kilómetros (desde cómo partía) juegan en mi contra.

Hoy tocaba un Lobres_Chico. Cuando salí, a las 6'30 hacía un aire colosal, un ponientazo que casi se llevaba las palmeras. Unos kilómetros luchando con él, hasta que cruzo la rambla y ¡sorpresa!, el viento desaparece por "arte de magia". El vendaval se queda en Salobreña y busco Lobres para hacer el giro de vuelta.

Muchas veces voy pensando "¿hoy de qué escribiré?". Muchas veces la respuesta viene sola, siempre. Siempre hay algo que te recuerda una anécdota del pasado, te encuentras a alguien o ves algo singular. Hoy no ha fallado.

Lobres, buenos circuitos, buenas vistas
Me han impresionado (quizás porque hacía ya mucho tiempo que no pasaba por este circuito a esta hora) varias cosas. Lo primero ha sido la tranquilidad y la vuelta a tiempos antiguos al pasar por Lobres. La gente adornaba las puertas de su casa con sillas, buscando la tranquilidad y el fresquito que dan las calles. Ese ritual lo recuerdo cuando yo era pequeño que era típico por todas las personas de la misma. En la actualidad, en la zona baja del pueblo es imposible ver que la gente baje con su silla. Se quedan en sus terrazas buscando ese aire y no se relacionan unas con otras. En la zona alta, la gente mayor es la única que sigue con la vieja tradición.

Subiendo hacia la ermita de San Antonio me ha gustado mucho la postal que he visto: dos personas mayores, mujer y hombre. Hombre con brazo "en cabestrillo" y la mujer cogida a él formando un enlace de cadena de uno a otro. Dos personas que se quieren y que se ayudan y cuando llegan a esa edad, más todavía. Me ha recordado a mis abuelos maternos.

En la "Alameda" entre eucaliptos
Ya en la zona de la Tahiba, me ha impresionado la luz. La luz brotando de las hojas de chirimoyos (el árbol de la gravedad, le he apodado). Un verde intenso y precioso se regocija dándole ese toque inconfunble a la última maduración del fruto. Antes, por la zona de la destilería, también me impresionó el platear de los chopos. Es precioso cuando corre un poco de aire y mueve la hoja de los chopos: al tener distintos el haz y el envés, hay un contraste de colores. Un verde débil, contra un color plateado que le da glamour a la vega.

Dirección Lobres
Tranquilidad desbordante. Sin viento. Una pareja ha acondicionado su "casino" en la puerta de su cortijo. Buscando el fresquito, han sacado una mesa y dos sillas y juegan a las cartas. Acompañan la estancia con un refresco y una tranquilidad pasmosa. Ante tanta tranquilidad, no podían faltar las ranas, que saltan a mi paso hacia el balate.

Me desvío en la carretera buscando el camino que va paralelo a la rambla para ir a la playa. Al entrar en la rambla me encuentro con el invitado que dejé hace una hora: el viento me da la bienvenida con brusquedad. Parece que estaba escondido en la rambla buscando el paso de algún transeunte. Dirección a la playa. Siempre me acompaña el aire.
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SAlu2 :: PacoNavas

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